Warmi Cine y Vídeo
Biografía
Estas tres cineastas habían formado parte del colectivo fílmico Chaski, fundado siete años antes bajo ideales de horizontalidad con los directores Stefan Kaspar, Alejandro Legaspi, Fernando Espinoza y Fernando Barreto. Barea, Torres y Goicoechea denunciaron las prácticas machistas en el seno de Chaski siendo relegadas a roles secundarios dentro de la organización del colectivo. Ante esta situación ellas decidieron hacer su propio colectivo fílmico.
Desde sus inicios, las integrantes de Warmi se interesaron por llevar a cabo procesos cinematográficos colaborativos con mujeres habitantes de barrios periféricos. El colectivo de trabajadoras domésticas fue uno de los grupos con los que más trabajaron a lo largo de los años. Este grupo respondía a uno de los movimientos migratorios más acentuados durante las décadas de los ochenta y los noventa, el de las mujeres que salían de las comunidades andinas rurales para ganarse la vida como trabajadoras domésticas en núcleos urbanos, especialmente en la capital peruana.
Las integrantes de Warmi entendían el cine como una práctica que permitía trabajar con las comunidades consiguiendo incidencia social. Su metodología incluyó viajar para recolectar testimonios en las comunidades campesinas de la región de Cajamarca, y trabajar mano a mano con colectivos y sindicatos de trabajadoras del hogar como El comité de Mujeres Aurora Vivar y IPROFOTH. Su trabajo con las comunidades dio lugar a películas como Porque quería estudiar (1990), Antuca (1992) y Hijas de la violencia (1998), donde el objetivo principal era resaltar la agencia de las mujeres y las niñas indígenas nacidas en el Perú.
Metodología
El colectivo Warmi dirigió películas emancipadoras con una metodología participativa. El método de trabajo fue colaborativo no sólo por la relación con los protagonistas sino también por la forma en que gestionó el flujo de trabajo horizontal de cada proyecto.


