Numax presenta...
Biografía
Joaquím Jordà nació en 1935 en Santa Coloma de Farnés (Girona) en el seno de una familia afín al régimen franquista. Estudió derecho por deseo de su padre, pero tras licenciarse en 1957 se traslada a Madrid para ingresar en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas rebautizado después como Escuela Oficial de Cinematografía. Sin terminar sus estudios regresa a Barcelona donde contribuye a la creación de la Escuela de Barcelona y codirige con Jacinto Esteva su primer largometraje Dante no es únicamente severo (1967,) un filme manifiesto que se propone superar las barreras de la censura franquista a través de la experimentación formal. Cansado del franquismo en 1969 se exilia a Italia y realiza películas para la productora del Partido Comunista Italiano, UNITELE Films y Spezziamo le catene (1971) con Ivo Barnabó Micheli, sobre las prácticas de absentismo y sabotaje a Alfa Romeo. En 1973 regresa a España y comienza a trabajar en serio en la traducción sin dejar la lucha política, pero no es hasta finales de los 70s que vuelve a ponerse tras la cámara con Numax presenta… (1980). Convencido de que el cine era su verdadera pasión, se instala en Madrid en 1983, donde realiza algunos proyectos para televisión, trabaja regularmente como guionista y vuelve a la dirección cinematográfica con El encargo del cazador (1990). En 1995 se integra en la plantilla de la Universitat Pompeu Fabra, retomando el contacto con Barcelona. Lamentablemente en 1997, sufre un ictus cerebral que le causa agnosia y alexia.
En los últimos años la figura de Jordá cobró relevancia gracias a documentales como el laureado Monos como Becky (1999), De nens (2004) o Veinte años no es nada (2005). El 24 de junio de 2006, Jordà falleció en Barcelona. Obtuvo a título póstumo el Premio Nacional de Cinematografía y la Medalla Especial del Círculo de Escritores Cinematográficos y fue galardonado con el Premio Nacional de Cinematografía del año 2006.
Asamblea de Trabajadores de la empresa de electrodomésticos Numax
Es verdaderamente singular este caso en el que un colectivo de trabajadores, sin conocimientos previos sobre cine, sus lenguajes, códigos o técnicas, decidió impulsarse a sí mismo como protagonista de una película sobre su propia lucha. La Asamblea de Trabajadores de la empresa de electrodomésticos Numax no contaba con experiencia cinematográfica, pero sí con una fuerte voluntad de dejar testimonio de su proceso. Para llevarlo a cabo, recurrieron a Joaquim Jordá, conocido de un par de trabajadores, en quien depositaron la tarea de materializar su historia. Se trata de un ejemplo poco común donde quienes viven el conflicto deciden contarlo directamente, encargando su representación a un cineasta externo pero bajo su propia iniciativa y mirada colectiva.
Numax S.A. fue una fábrica ubicada en el centro de Barcelona, a pocos pasos de la Sagrada Familia. En sus años de mayor actividad llegó a tener más de trescientos trabajadores. Durante una primera etapa se dedicaron a la fabricación de ventiladores, pero con el tiempo, y en un contexto económico cada vez más difícil, pasaron a producir una gama reducida de electrodomésticos. A finales de los años 70 un conflicto laboral marcó un antes y un después en su historia. Lo que comenzó como una protesta por el despido de varios empleados derivó en una huelga prolongada y, más adelante, en la ocupación de la planta. Fue durante esa ocupación cuando los trabajadores descubrieron que los propietarios se habían retirado de la empresa. No eran aún los dueños legales, pero en lo práctico, se convirtieron en los únicos responsables del lugar y de su funcionamiento.
Los empresarios -nazis refugiados en Barcelona- habían iniciado una liquidación encubierta, vendiendo activos a bajo precio y declarando la suspensión de pagos. Ante esta situación, la plantilla tomó una decisión poco habitual: organizarse en asamblea y asumir la gestión directa de la fábrica. Así nació una experiencia de autogestión que duró varios años y que, en su momento, fue pionera en España. Cuando ese proyecto colectivo empezó a mostrar signos claros de agotamiento, surgió la necesidad de dejar constancia de lo vivido. Con los fondos restantes de la caja de resistencia, alrededor de 600.000 pesetas, decidieron realizar un documental. Contactaron con Joaquim Jordá, quien asumió el proyecto sin un guion previo, con el objetivo de capturar la memoria de la experiencia y de ahí nació Numax presenta. Un testimonio cinematográfico que, más de cuatro décadas después, sigue ofreciendo una mirada lúcida sobre las tensiones laborales, políticas y personales de aquella época.
La comunidad de Numax era diversa, pero en general muy activa y comprometida. Entre los trabajadores convivían sectores más tradicionales, como algunos veteranos vinculados al sindicalismo clásico, con grupos jóvenes que apostaban por nuevas formas de organización.Cabe destacar que las mujeres tuvieron un papel particularmente destacado, tanto en lo práctico como en lo político. Dentro del colectivo también había diferencias: algunos mantenían una visión política estructurada, mientras que otros defendían posturas más radicales y centradas en lo social, alejadas incluso del concepto de trabajo asalariado, aunque fueran ellos mismos quienes dirigían la empresa. Una de las reflexiones que mejor resume ese desencanto apareció en una asamblea, recogida en la película: “Vale que te explote un patrón si no queda otra, pero hacerlo tú misma, eso no tiene sentido”. Y es que, aunque con menos horas se mantenía el nivel de producción, las dificultades para distribuir lo fabricado eran enormes. El boicot por parte de otras empresas junto a la falta de medios para hacer publicidad convirtieron la experiencia en algo cada vez más insostenible.
Cuando asumieron que el final era inevitable, optaron por cerrar, pero también por dejar un legado. Fue entonces cuando entró en escena Jordá, registrando conversaciones con quienes habían formado parte del proceso, recogiendo recuerdos, análisis y emociones. Propuso la idea del documental en una asamblea, fue aprobada por mayoría, y con medios muy limitados -una cámara de 16 mm, un sonidista, y mucho compromiso- el proyecto tomó forma.
Metodología
Jordá practica un cine documental innovador y renovador, coherente y provocador, que aprovecha recursos de la ficción, del ensayo y del cine militante para desvelar aspectos incómodos de la sociedad. Un cine que no oculta sus mecanismos de rodaje y representación. En palabras de Joaquín Jordá, “un cine que cree en la verdad y no en la objetividad, un cine documental abierto, que necesita de la ficción para crecer. Porque la separación entre ficción y documental se ha roto”. Su forma de trabajar no respondía a un modelo cerrado, sino que se articulaba desde una práctica profundamente vinculada al contexto de cada proyecto. Defendía un cine que no aspirara a la neutralidad, sino que asumiera su condición de construcción subjetiva. Afirmaba que “la verdad no está reñida con la puesta en escena” y que “todo documental es una forma de ficción”, en tanto que requiere selección, encuadre, montaje e interpretación. Esta postura lo llevó a incorporar intencionada y explícitamente elementos de dramatización, reconstrucción o intervención directa, sin que eso significara una pérdida de rigor.
En cuanto al proceso de producción, Jordá partía a menudo de estructuras abiertas que se iban moldeando a lo largo del rodaje. En películas como Numax presenta (1980) o De nens (2003), la narrativa se construye progresivamente, mediante entrevistas, observación de situaciones reales, intervenciones del propio director y recursos de ficción. Esta estrategia le permitía adaptarse a lo inesperado, incorporar el azar y generar una relación más natural de diálogo con las personas filmadas.
Un aspecto central de su trabajo también era la implicación de los protagonistas en el proceso. Jordá no los trataba como meros informantes o personajes observados, sino como participantes activos, capaces de intervenir en la construcción del relato. Este enfoque horizontal, próximo a una ética colaborativa, se tradujo en formas de cine participativo, donde los límites entre autor, sujeto y espectador se volvían más difusos. Además, Jordá se interesaba por los márgenes, tanto en términos sociales como formales. Sus documentales no sólo abordaban temas políticamente incómodos (la autogestión obrera, la justicia infantil, las enfermedades mentales), sino que también proponían estructuras narrativas no convencionales, donde el montaje jugaba un papel central. Lejos de buscar una narrativa lineal, Jordá construía sus películas a partir de bloques temáticos, contrastes de tono y juegos de voz entre diferentes registros. En definitiva, su metodología se basaba en la apertura, la implicación crítica y la reflexión constante sobre el cine como herramienta política, ética y expresiva.
Numax presenta nació sin un guion al uso. El único punto de partida era una escaleta cronológica, armada a partir de grabaciones previas. La estructura del rodaje combinó varias técnicas: escenas cotidianas, relatos personales y reconstrucciones puntuales de hechos reales. Jordá recordaba aquel proceso como intenso, pero también lleno de momentos insólitos y divertidos. Por ejemplo, al final de cada jornada colgaba en el tablón de anuncios el plan de rodaje del día siguiente. Eso provocaba que muchas trabajadoras aparecieran maquilladas y vestidas como si fueran a una fiesta. Al principio, esa puesta en escena le parecía una interferencia, algo que alteraba la espontaneidad. Pero con el tiempo entendió que también era una forma legítima de autoafirmación: tenían derecho a decidir cómo querían mostrarse ante la cámara.
El rodaje fue breve, apenas diez días limitados por la falta de presupuesto, que terminó en una celebración improvisada, con música en directo y un ambiente muy propio de la época de los 70s: desinhibido e irreverente. Durante esos días se tomó también la decisión definitiva de cerrar la fábrica y asumir el paro. En ese contexto, Jordá, cámara y micrófono en mano, hizo dos preguntas a los trabajadores: “¿Qué ha significado esta experiencia para ti?” y “¿Qué piensas hacer ahora?”. Las respuestas destilaban una mezcla extraña de tristeza, alivio, entusiasmo y desconcierto.
Finalmente se rodó la escena más teatralizada del documental. En una sola mañana, en el Institut del Teatre, filmaron con un grupo de actores una representación ficcionada de la patronal: cómo habían impulsado la huelga para justificar la venta de la fábrica a una inmobiliaria, cómo la resistencia de los trabajadores frustró esos planes, y cómo todo esto se insertaba en el contexto político de la Transición y los Pactos de la Moncloa. Esa parte, junto con el prólogo y la escena final, se rodó en color. El resto del metraje es en blanco y negro.
El montaje comenzó poco después. Los trabajadores eligieron un comité de seguimiento, que asistía a las sesiones nocturnas junto a Jordá y la montadora Teresa Font. A menudo, el cansancio les vencía y acababan dormidos sobre la moqueta del estudio. Cuando no era así, solían intervenir señalando desequilibrios en el protagonismo de unos u otros compañeros, y esas observaciones se corregían de inmediato. Siin embargo, hubo un momento de censura tajante: habían rodado una escena final de tono satírico con el grupo teatral de Mario Gas, se trataba de un número musical. Un coro de trabajadoras con batas azul oscuro, otro de oficinistas en azul claro, y un tercero de empresarios con gabardinas. El número lo lideraba un cantante que interpretaba “Gavilán o paloma”. La escena terminaba con las trabajadoras bailando con los empresarios, siendo despojadas de sus batas y quedando en bikini, mientras la canción se transformaba en una samba y todo el grupo marchaba simbólicamente hacia Río de Janeiro, lugar donde supuestamente se habría refundado la “nueva Numax”. El comité de montaje prohibió terminantemente incluir esa escena: “ellas nunca bailarían con un empresario”.
Filmografía
1960: El día de los muertos, en colaboración con Julián Marcos.
1967: Dante no es únicamente severo, en colaboración con Jacinto Esteva, Premi Filmcrítica y Pentagrama de Oro, Festival de Pesaro.
1969: Maria Aurèlia Capmany parla de “Un lloc entre els morts”.
1969: Portogallo Paese Tranquillo, premio Paloma de Oro del Festival de Leipzig.
1970: Il perché del dissenso Lenin Vivo, en colaboración con Gianni Toti.
1970 I tupamaros ci parlano, Gran Premio Festival Porreta Teme.
1970 Lenin Vivo
1971 Spezziamo le catene
1980: Numax presenta…
1990: El encargo del cazador, Primer Premio Semana de Cine Español de Murcia (1991), Primer Premio del Festival de Cine de Alcalá de Henares (1991) y seleccionado para los Premios Fénix de Berlín (1991).
1996: Un cos al bosc, premio Ciutat de Barcelona (1997) y seleccionado para el Festival de Rotterdam (1997).
1999: Mones com la Becky, Premio de la Crítica José Luis Guarner en el Festival de Sitges (1999), premio Sant Jordi de Cinematografía a la trayectoria profesional (2000), premio Ciutat de Barcelona d’Audiovisuals (2000), Premio Nacional de Cinematografia de la Generalitat (2000) y seleccionado para la sección no competitiva “Nuevos Territorios” del Festival de Venecia (2000).
2003: De nens, Festival de Cine de San Sebastián (Sección Zabaltegi) 2003.
2005: Veinte años no es nada, Segundo Premio en la “Seminci de Valladolid” (Sección Tiempo de Historia).
2006: Más allá del espejo.
2005: Veinte años no es nada: En 1979, veinticinco años después, Jordà retoma la historia de la lucha de la Asamblea de Trabajadores de la empresa de electrodomésticos Numax reuniéndose con sus protagonistas para explorar cómo han evolucionado sus vidas desde entonces. Este documental no solo revisita la singular experiencia de autogestión obrera, sino que también ofrece una reflexión profunda sobre las transformaciones sociales, políticas y personales ocurridas en España durante ese periodo, abordando temas como la transición democrática, la reconversión industrial y los ideales de una generación que soñó con cambiar el mundo.


