Adriana Monti

1974-1982ItaliaFeminismo, Producción colaborativa, Trabajo doméstico
Realizadora y productora de cine independiente italo-canadiense, especializada en producciones de temática feminista y proyectos colaborativos.
Biografía

La carrera de Adriana Monti (1951, Milán) comienza en el contexto del movimiento feminista en Italia durante la década de los setenta. A través de sus documentales o ficciones, desarrolla un estilo colaborativo y experimental que convierte a las mujeres en el objeto de su investigación, permitiendo que estas ejerzan un papel activo y creativo en sus películas. Así, busca resaltar las voces, pensamientos e inquietudes de diversos grupos de mujeres en su vida cotidiana, dándoles un espacio para la autoexpresión y convirtiéndolas en las protagonistas de su obra.

Durante la década de los ochenta, y mientras terminaba de filmar Scuola senza fine (1983), Monti funda la escuela de cine experimental Laboratorio di Cinematografia – Albedo. Fue profesora de historia del cine y producción cinematográfica en la Università delle Donne y en la Escuela de Cine y Televisión de Milán. En 1996 Monti se traslada a Canadá y trabaja durante quince años como reportera y productora de televisión en OMNI Television – Rogers Media. Codirige su propia productora de documentales, A&Z Media Ltd. Con el apoyo de un programa de becas promovido por el Ontario Arts Council, Monti dirige el cortometraje Iceworks. También inicia el desarrollo de Never too Late to Create en colaboración con un grupo de personas mayores de una residencia en Toronto. Sus películas siguen presentándose en festivales e instituciones de todo el mundo.

Proyectos colaborativos

Uno de los primeros filmes que produce es Scuola senza fine (1983). La cinta se centra en un grupo de amas de casa que participaron en unos cursos de formación italianos llamados 150 ore, y fue producida en colaboración con este programa educativo. Estos cursos se llevaron a cabo entre 1974 y 1982, y estaban dirigidos a trabajadoras fabriles y campesinas, aunque luego se ampliaron también a pensionistas y amas de casa, y como su nombre indica, tenían una duración de 150 horas.

El filme Scuola senza fine se plantea como un experimento pedagógico, una colaboración entre las estudiantes, su profesora y la realizadora Adriana Monti. El objetivo es plasmar cómo son las relaciones que se establecen entre las distintas mujeres, los debates que surgen —especialmente centrados en cómo son representadas y cómo les gustaría representarse—, y así explorar esos espacios de autoconocimiento y los valores que florecen en las sesiones de estos cursos. Monti rodó la película entre 1979 y 1981, trabajando de forma colectiva con las mujeres y la profesora del grupo, para más tarde, en 1983, finalizar el montaje de la obra completa.

En 1986, en colaboración con otras mujeres feministas italianas, Adriana Monti produce un documental sobre un grupo de mujeres que trabajan en fábricas textiles, Filo in catena (1986). Un retrato que muestra las condiciones laborales de las trabajadoras de la fábrica, siguiendo su día a día, pero también recoge cómo son ellas, sus reflexiones sobre sueños y ambiciones, y las relaciones que se establecen entre las diferentes personas que trabajan en ese entorno.

Metodología

En Scuola senza fine, Adriana Monti desarrolla una metodología cinematográfica

colaborativa, influida por el pensamiento feminista y la pedagogía crítica. El

documental surge a partir de la experiencia de un grupo de mujeres que, tras

completar un curso estatal de 150 horas para trabajadoras, decidieron seguir

reuniéndose para reflexionar sobre su identidad, sus roles y su deseo de

conocimiento. Guiadas por la escritora y pedagoga Lea Melandri, estas mujeres

transformaron el espacio educativo en un laboratorio de autoanálisis y escritura colectiva. Monti no las retrata desde fuera, sino que las involucra activamente en la creación del film, compartiendo con ellas la escritura, la planificación y las decisiones sobre la estructura narrativa. Uno de los aspectos más innovadores de su enfoque es lo que podría llamarse una “dramatización consciente”: las mujeres no solo cuentan su experiencia, sino que la

escenifican y la examinan críticamente ante la cámara. En lugar de un documental de

observación tradicional, Monti propone una forma híbrida en la que se borran los límites entre vida, teatro y pensamiento. Las protagonistas interpretan escenas de su vida cotidiana, leen textos propios y se representan a sí mismas desde una nueva perspectiva. Así, Scuola senza fine se convierte en una herramienta de autoconocimiento colectivo y en una forma de cine que redistribuye el poder de narrar, cuestionando las jerarquías entre directora y protagonistas, entre saber académico y experiencia vivida.

Colaboraciones
Investigación realizada por Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona